Masonería argentina e internacional. Estudios y propuestas masónicas.

miércoles, 31 de octubre de 2012

+ 2ª P.E.M. : EL HAMBRE


En anteriores entregas sobre las POLITICAS DE ESTADO PARA LA MASONERIA (POLITICAS DE ESTADO MASONICAS -PEM) he insistido en el HAMBRE y la caractericé como la SEGUNDA (PEM). Hoy un poco mas de información para situar debidamente el foco de la cuestión.

 
Las consideraciones realizadas han sido notoriamente optimistas: el paro mundial, la imposibilidad de salida de la crisis del sistema no ha sido resuelta ni en Italia, ni en España, menos en Grecia y toda Europa padece los flagelos del ajuste por tiempo indefinido.
 
La única buena noticia es que los bancos siguen obteniendo ganancias: ¿adivinen de dónde? ....si, Ud señor, no mire al costado, la obtienen de Ud., de mí y de todos nosotros. O sea, que son malas noticias para Ud., para mí y para el conjunto de la humanidad.
 
Seguidamente, un artículo que quedó en la papelera en este tiempo de receso: desgraciadamente está absolutamente vigente.
 
Los biocombustibles, el clima y los subsidios son las principales causas del hambre
 
Actualizado jueves 24/04/2008 23:42 ( CET )
EFE
LONDRES.- El cambio climático, los subsidios agrarios y, sobre todo, el cultivo de combustibles biológicos son los principales factores que influyen en la crisis alimentaria que afecta al mundo, afirma 'The Lancet' en un editorial.

La prestigiosa revista médica británica insta a los Gobiernos a abordar estos asuntos para paliar la crisis desatada por el aumento del precio de los alimentos, que está afectando especialmente a los países pobres y motivando revueltas en todo el mundo.

En su editorial, 'The Lancet' destaca que la producción extensiva de biocombustibles es una de las principales causas del encarecimiento de los cereales.

Por ejemplo, apunta la revista, en su intento de ser autosuficiente en biocarburantes, Estados Unidos subvenciona la producción de etanol, que se obtiene, entre otras cosas, del maíz, un cultivo al que se ha dado prioridad en ese país.

El volumen de "maíz" consumido actualmente por los vehículos en EEUU "cubriría las necesidades de importación de 82 países" en los que falta comida, denuncia la publicación, que a la vez se congratula de que la Unión Europea (UE) vaya a replantearse sus objetivos de biocombustible.

El aumento del precio del trigo y del arroz el año pasado en un 130% y un 120%, respectivamente, ha causado hambrunas y hundido en la pobreza a millones de personas en el mundo, señala 'The Lancet'.

Además de los biocombustibles, la revista identifica otros factores que contribuyen a la crisis, como el incremento de la población mundial -se espera que crezca en 3.000 millones para 2050-, que hace que se consuman más alimentos, sobre todo carne en las economías emergentes.

También influyen un descenso de la productividad de las áreas cultivables en la última década y la quiebra del mercado hipotecario en Estados Unidos, que ha hecho que muchos especuladores inviertan en materias primas como productos alimenticios, lo que ha elevado su precio.

Además, añade 'The Lancet', los países ricos están exportando productos subvencionados a países pobres, lo que amenaza la subsistencia de los agricultores nativos.

La revista señala la dificultad de alcanzar el principal objetivo para el milenio de la ONU, reducir la pobreza mundial a la mitad.

'The Lancet' recomienda a los gobernantes con influencia y las instituciones implicadas, como la ONU o el Banco Mundial, actuar conjuntamente para abordar la crisis, que no debe resolverse con soluciones a corto plazo sino afrontando "la raíz" del problema.

Por ejemplo, señala la publicación, EEUU y Francia han sido de los primeros en ofrecer ayuda humanitaria contra la carestía de los alimentos, cuando, según el editorial, lo que deberían hacer es abolir los subsidios agrícolas que dan a sus granjeros.


LA "DOCENCIA" MASONICA


A partir de una iniciación regular, nuestra actuación en el mundo profano y en el trabajo iniciático debe ser el resultante de la puesta en práctica de los principios de la Orden y del simbolismo que la anima.

Esta práctica vital es la praxis donde radica el verdadero aprendizaje, consecuencia de la doctrina y el conocimiento sustentados básicamente en el simbolismo.

El simbolismo se vincula con el inconsciente individual y colectivo,  y con la aptitud racional del individuo que le permite filosofar: este estudio reflexivo es fundamentalmente elaborado por el individuo en forma personal, sirviendo la masonería a través de sus símbolos y ritos como canalizadora metodológica del quehacer intelectual.

Se estudian los símbolos fundamentales del grado y la forma cómo abordarlos, con especial énfasis en la necesidad del conocimiento individual, como paso previo del auto perfeccionamiento.

Ahora bien: ¿cómo se ejecuta ese estudio?, ¿cómo se transmiten los conocimientos en forma simbólica?

Razonemos: la cultura propia de cada individuo le ha sido brindada por su entorno y sido también adquirida por el esfuerzo personal (trabajo, estudio, deporte), o sea por diversos factores pero siempre en forma profana, desde el mismo momento que comenzó a comer hasta el tiempo en que comenzó a leer y escribir.

Ahora, el iniciado debe reinterpretar la cultura que la ha sido transmitida y transferida, pero ahora debe hacerlo desde un tiempo y espacio propios de la iniciación masónica. De tal modo, cualquier método no iniciático de trasmisión cultural es a-gnóstico y por tanto no masónico.

En segundo término, es evidente que el espacio temporal y espacial de la logia es indispensable para pulir su intelecto y comprensión de las cosas, de modo tal que podríamos afirmar que esas circunstancias crean el fenómeno de transculturación del iniciado. La cultura heredada o adquirida, es modificada superlativamente yendo inclusive más allá de lo profano: en tal dirección de pensamiento, la “docencia” masónica es absolutamente contracultural.

En tercer término, se observará un nuevo lenguaje: el simbólico, caracterizado por su polisemia, la multiplicidad de sus significados y significantes, en tarea absolutamente diferenciadora de los signos.

Concluiríamos satisfactoriamente diciendo que cualquier método de transmisión de conocimientos masónicos que no sea el propio de la iniciación y el de los rituales específicos de cada grado, es no masónico e inclusive antimasónico. Se explica así que el lenguaje racional no simbólico, con lleva la racionalización del discurso, tema éste que está en contra de las explicaciones brindadas mas arriba.

La respuesta individual al “conócete a ti mismo” y al “¿de donde venimos?” es elaborada por cada ordenado a través de un trabajo sutil pero permanente de pulido de sus condiciones naturales de personalidad. Esa tarea se realiza en las cámaras de instrucción y en las tenidas, buscando perfeccionar al hombre y a la sociedad.

Esto es, del “yo” al “tú” y del “tú” al “nosotros” como alguna vez perfiló Ortega y Gasset.

Esta búsqueda parte de la idea del cambio permanente y de la duda como requisito del destierro de los dogmas. 

La subsistencia del pensamiento dogmático (en cualesquiera de sus variantes, desde una retrógrada visión clerical sobre el aborto o sobre la naturaleza del placer sexual hasta el mantenimiento de la esclavitud económica a través del neoliberalismo o de la infra cultura de masas a través de los monopolios mediáticos) es el ámbito en el que podemos apreciar la dificultad diaria y presente del trabajo masónico, ejemplificado en el laicismo, en la tolerancia y en la convivencia democrática.

La idea de cambio, que hoy nos parece absolutamente natural, fue siempre revolucionaria: funda de tal modo el progresismo de la propia masonería mas allá de cualesquier encasillamiento clasista o político. Es evidente que desde la propia ceremonia de iniciación nos damos cuenta que se nos hace un llamado al cambio: primero al cambio individual y luego a la transformación social.

 
El cambio, puedo desechar cosas del pasado, sin ser destructivo ni irreflexivo; mas aún, puede y debe en algunos casos ser rápido y radical, y por tanto revolucionario, cuando las circunstancias así lo requieran.

 
En conclusión, el cambio necesariamente debe ser constructivo: construye un nuevo orden de cosas, de relaciones, de cosmogonías, de pensamientos y es consecuencia directa de la transmisión del conocimiento realizada por la “docencia” masónica.





 
 

miércoles, 24 de octubre de 2012


KALINIHTA SAS

Hola, buenas noches.
 
Estoy nuevamente con Uds, después de un receso personal de un año: ruego imputar este descanso sabático a la necesidad de reflexión.
 
Primariamente, es una vacación luego de cinco años de labor ininterrumpida en esta página, escribiendo con la esperanza de lograr focalizar algunos de los temas que considero relevantes en este siglo XXI, desde mi cosmovisión templada en la masonería.
 
Secundariamente y no es menor, he constatado que "TEMPLARIO" sigue inalteradamente y con prescindencia de mi propia voluntad, ubicándose en el centro de mi pensamiento y de mi corazón.
 
Fundamentalmente porque la masonería atraviesa y sesga definitivamente a partir de la iniciación. Sus miembros crecemos en la luz, a partir del pequeño candil que nos es entregado en el primer acto iniciático; es un nuevo ordenamiento de nuestra existencia, la impresión de un sistema en nuestro corazón que nos lleva al desarrollo de nuestras potencialidades y la de nuestros semejantes.
 

Para crecer es imprescindible la gregariedad: esta la esencia de nuestra presencia en la vida terrena y el humus de nuestra masonería. Somos en función de …, en vistas a …, siempre porque el otro existe. Y si el otro existe, nada de lo que a él le acontece me es indiferente; más aún, forma parte y es mi vida.
 
Nuestra estrella de navegante es el ser humano, nuestra vía láctea es la humanidad.
 
Esta es la base simple y tal vez inalterable de la moral: esas reglas y normas por las que regimos nuestras conductas en consonancia con la sociedad y con nosotros mismos. Y esta es la esfera de nuestra libertad, y de todas nuestras manifestaciones: la vida en comunidad y los límites de cada uno frente al otro, ejemplificados en  “alterum non laedere” (no perjudicar al otro).
 
En este universo de la libertad, la belleza, la armonía y la justicia fundamentan la moral.
 
Porque aquello que es justo y bello, es bueno.
 
Siendo bueno, es lógico y deseable que sea justo.
 
La bondad nutre la masonería y la distingue de cualquier encasillamiento ideológico, político y/o religioso.
 
La comprensión de lo humano, la percepción de lo trascendente bajo la forma de la belleza y de la  justicia, forman el ideal masónico de todos los tiempos, y es lo que explica la pervivencia de la Orden en el tiempo.
 
Orden que así descrita implica una consagración del ser humano a una instancia superior a su propia condición: al respeto irrestricto a la vida misma, a la variedad multiforme de ésta y a la defensa de todos los derechos y obligaciones que hacen al ser humano.
 
Tímidamente en el año 2007 se sentaron en este blogspot algunas pautas que marcarían el rumbo futuro del mismo:

  • las políticas de estado masónicas (la cuestión de género, el hambre, el agua, la continuidad del sistema imperial y neoliberal capitalista)
  • las cuestiones centrales relativas a la intolerancia,
  • la relación con las creencias, dogmas y religiones,
  • la historia de la masonería en la Republica Argentina,
  • la denuncia de los golpes militares intentados contra las Repúblicas hermanas latinoamericanas (Ecuador, Guatemala) con la complicidad imperial mediata,
Fueron entre tantos, algunos de los way-points que permiten la navegación del mismo.
 
Pero, aún consciente de la silenciosa labor realizada, siento internamente que a pesar del esfuerzo todavía la obra es mayor, y por tanto lo cumplido lo observo como insuficiente.
 
Es necesaria mayor claridad, mejor dicción, un discurso más directo y conductista.
 
Creo sinceramente que estas vacaciones me han permitido realizar una evaluación de lo realizado y obtener una óptica aproximada del trabajo a cumplir. Se impone así en forma inmediata, la quinta política de estado masónica, que sin lugar a dudas es ocupada por el tema central de los derechos humanos en el continente y la situación argentina tan particular y de avanzada en la búsqueda de “Memoria, Verdad y Justicia”, como ha sido definida tan particularmente por la propia Presidenta Cristina Fernández de Kirchner y que hoy también es seguida por las repúblicas hermanas de Uruguay y de Brasil.
 
Es por eso que debemos hablar de los derechos humanos, a pesar que pareciera tan obvio que los derechos como tales, esencialmente son obra, creación y finalidad de los seres humanos.
 
En armonía con los derechos humanos, crece agigantadamente en la vida social, la necesidad imprescindible del desarrollo, estudio y aplicación del laicismo, como doctrina política, económica, cultural y de respeto a los demás credos y religiones.
 
Estos son los nuevos desafíos, unidos a la necesidad de dialogar con todos los lectores a fin de desarrollar los valores democráticos que nos animan
 
Así sea.
 
octubre 23 de 2012

miércoles, 24 de agosto de 2011

RECONOCIMIENTO A LA MASONERIA DEL PERU

RECONOCIMIENTO
Pocos días antes de terminar su mandato, el hoy ex-presidente del Perú, Dr. Alan García Pérez, promulgó el siguiente Edicto que nos llega gracias a la gentileza del Q:. H:. Nelson Scheinfeld. y como entendemos que se trata de una noticia digna de destacarse, procedemos a ponerla en conocimiento de nuestros lectores.

PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE MINISTROS
Declaran el 27 de julio de cada año como «Día de la Masonería en el Perú»

DECRETO SUPREMO Nº 064-2011-PCM
EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA

CONSIDERANDO:

Que, la masonería constituye una de las más grandes y antiguas sociedades fraternales en el mundo;

Que, la historia de la masonería peruana está llena de notables episodios de lucha, sacrificio y entrega de aquellos que juraron defender los principios y valores universales de la libertad, igualdad y fraternidad, los cuales han iluminado el camino de muchos hombres y mujeres que a lo largo de la historia del Perú, han preferido entregar sus vidas con el fin de construir una sociedad más fraterna y solidaria;

Que, masones peruanos tales como Pablo de Olavide, reconocido como el ilustrado más grande de su época, junto con José de Baquijano y Carrillo, pertenecieron a la Logia Gran Reunión Americana, con sede en Londres, que es considerada la Logia Madre de todas las Logias Lautarinas, y de donde surgiera la gesta libertaria que culminó con nuestra independencia del reino de España, siendo una muestra de la influencia que la masonería peruana tuvo en la gesta libertaria americana;

Que, en la etapa republicana los Masones han estado fuertemente involucrados en el desarrollo del país, preocupados por la educación de la juventud; prueba de ello es el Colegio «Concordia Universal» que fuera fundado en el Callao;

Que, nuestro país ha tenido veinte gobernantes peruanos que han sido masones, entre los que debemos destacar a Felipe Santiago Salaverry del Solar (el Presidente más joven en el Perú), José Rufino Echenique Benavente (en cuyo gobierno se promulgó el primer Código Civil peruano), Antonio Arenas Merino (Gran Maestro de Masones), Andrés Avelino Cáceres Dorregaray (el héroe de la Breña, durante la resistencia contra el invasor chileno), entre otros;

Que, a lo largo de nuestra historia, la participación de los masones también ha sido destacada tanto en el ámbito político, así como en las artes y en las letras;

Que, en tal sentido, resulta conveniente resaltar tal contribución a nuestro país declarando el día 27 de julio de cada año como el «Día de la Masonería en el Perú»;

En uso de las atribuciones conferidas por el numeral 8) del artículo 118º de la Constitución Política del Perú; y, la Ley Nº 29158, Ley Orgánica del Poder Ejecutivo y la Ley Nº 27450;

DECRETA:

Artículo 1º.- De la declaratoria del Día de la Masonería en el Perú

Declárase el día 27 de julio de cada año como el «Día de la Masonería en el Perú».

Artículo 2º.- Refrendo

El presente Decreto Supremo será refrendado por la Presidenta del Consejo de Ministros.

Dado en la Casa de Gobierno, en Lima, a los veinticinco días del mes de julio del año dos mil once.

ALAN GARCÍA PÉREZ
Presidente Constitucional de la República

ROSARIO DEL PILAR FERNÁNDEZ FIGUEROA
Presidenta del Consejo de Ministros y Ministra de Justicia

[El Peruano: 26/07/2011]

viernes, 1 de julio de 2011

MAS SOBRE LA CUARTA POLÍTICA DE ESTADO MASÓNICA (EL CAMBIO DE PARADIGMAS).

LA CAÍDA INELUCTABLE DEL SISTEMA CAPITALISTA / IMPERIAL

He señalado en las entregas que dí en llamar:

a) CAMBIO DE PARADIGMAS (3) - UNA TIERRA, UN MUNDO, UNA HUMANIDAD publicada el 4/7/2009;
b) CAMBIO DE PARADIGMAS (1) EL CAPITALISMO SE ACABA publicado el 30/5/2009 y
c) CAMBIO DE PARADIGMAS (0) DESINTEGRACION E IMPLOSION DEL SISTEMA CAPITALISTA - NOVO ORDO SECLORUM publicado el 13/5/2009

cómo entendía y proponía la comprensión de la caída / implosión / fracaso definitivo del sistema capitalista. Lo señalé como “Sistema” y no hablé de crisis, en la comprensión que se avecinaban los tiempos que fueron previstos por la Carta de la Tierra a principios de los años 90 y tantos otros cenáculos intelectuales.

En esta lectura proposicional, bien me he cuidado de explicar o bien disfrazar cualquier tipo de ideología: la masonería como inteligencia de la naturaleza de las cosas no es concupiscente con ideología alguna.

Por el contrario, es refractaria diría yo -por ser contraculturalmente un sistema de intelección de la realidad basado en símbolos, los que son polisémicos como tanto veces he dicho- porque permite una lectura e intelección muchísimo mas amplia, fecunda y prolongada en el tiempo de la realidad observada.

En esa línea de discurso, primeramente se ha tratado el tema del default y quiebra de los EEUU, posteriormente hemos visto las consecuencias de este suicidio del capitalismo debido a su excluyente voracidad material, en las noticias sobre los conflictos tanto en América Latina (caso Honduras, caso Ecuador entre otros) y luego el conflicto en el Medio Oriente y en la zona de influencia del Islam

Hoy el eje está centrado en primer término en disciplinar económicamente a Grecia: bárbaros de todo tipo asolan la cuna de la civilización, y no contentos con pedir a gritos la venta de las islas griegas, o inclusive la privatización de Ítaca a través del FMI, han corrido el eje hacia España, Italia y próximamente Francia y Alemania.

De España tenemos el artículo que detallamos mas abajo, escrito por dos periodistas por demás interesantes.

Propongo que lo leamos y estudiemos con detenimiento: insisto con respecto a cada uno de mis HH.·. , que nunca tantos han reclamado tanto a tan pocos.

O sea, que pocas veces en la historia de la humanidad, ha sido tan necesaria, trascendente y vital para la subsistencia del planeta y la vida humana sobre el mismo, nuestra activa participación en la cosa pública, en la formulación de propuestas y en la luz de nuestros Tall.·.

La rebelión de l@s indignad@s. Notas desde la Plaza Tahrir de Barcelona.
Autor(es): Antentas, Josep Maria - Vivas, Esther
Antentas, Josep Maria . Profesor de Sociología de la Universitat Autónoma de Barcelona (UAB). Coautor de Resistencias Globales. De Seattle a la Crisis de Wall Street (Editorial Popular, 2009) y participante en la campada de Plaza Catalunya.
Vivas, Esther . Participa en el Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales (CEMS) de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) Coautor de Resistencias Globales. De Seattle a la Crisis de Wall Street (Editorial Popular, 2009) y participante en la acampada de Plaza Catalunya.

Ya no hay dudas. El viento que ha electrizado el mundo árabe en los últimos meses, el espíritu de las protestas reiteradas en Grecia, de las luchas estudiantiles en Gran Bretaña e Italia, de las movilizaciones anti-Sarkozy en Francia... ha llegado al Estado español.

No son estos, pues, días de “business as usual“. Las confortables rutinas mercantiles de nuestra “democracia de mercado” y sus rituales electorales y mediáticos se han visto abruptamente alteradas por la irrupción imprevista en la calle y el espacio público de la movilización ciudadana.

Esta “rebelión de l@s indignad@s” inquieta a las élites políticas, siempre incómodas cuando la población se toma en serio la democracia... y decide empezar a practicarla por su cuenta.

Hace dos años y medio, cuando la crisis que estalló en septiembre de 2008 se rebeló de proporciones históricas, los “amos del mundo” vivieron un breve momento de pánico alarmados por la magnitud de una crisis que no habían previsto, por su falta de instrumentos teóricos para comprenderla y por el temor a una fuerte reacción social. Llegaron entonces las vacías proclamas de “refundación del capitalismo” y los falsos mea culpas que fueron evaporándose poco a poco, una vez apuntalado el sistema financiero y ante la ausencia de un estallido social.

La reacción social ha tardado en llegar. Desde el estallido de la crisis, las resistencias sociales han sido débiles. Ha habido un sesgo muy grande entre el descrédito del actual modelo económico y su traducción en acción colectiva.

Varios factores lo explican, en particular, el miedo, la resignación frente la situación actual, el escepticismo respecto a los sindicatos, la ausencia de referentes políticos y sociales, y la penetración entre los asalariados de los valores individualistas y consumistas.

El estallido actual no parte, sin embargo, de cero. Años de trabajo a pequeña escala de las redes y movimientos alternativos, de iniciativas y resistencias de impacto más limitado han mantenido la llama de la contestación en este periodo difícil. El 29S abrió también una primera brecha, aunque la desmovilización posterior de las direcciones de CCOO y UGT y la impresentable firma del pacto social cerró la vía de la movilización sindical y, ahondó aún más si cabe, el descrédito y desprestigio de los sindicatos mayoritarios entre la juventud combativa y quienes ahora protagonizan las acampadas.

Indignados e indignadas!

La “indignación”, tan de moda a través del panfleto de Hessel es una de las ideas-fuerza que definen las protestas en marcha.

Reaparece así, bajo otra forma, el “Ya Basta!” que entonaron los zapatistas en su alzamiento del 1 de enero de 1994, entonces la primera revuelta contra el “nuevo orden mundial” proclamado por George Bush padre tras la primera guerra del Golfo, la desintegración de la URSS y la caída del muro de Berlín.

“La indignación es un comienzo. Uno se indigna, se levanta y después ya ve”, señalaba Daniel Bensaïd. Poco a poco, sin embargo, se ha ido pasando del malestar a la indignación y de ésta a la movilización. Estamos ante una verdadera “indignación movilizada”. Del terremoto de la crisis, empieza a surgir el tsunami de la movilización social.

Para luchar no sólo se requiere malestar e indignación, también hay que creer en la utilidad de la acción colectiva, en que es posible vencer y en que no todo está perdido antes de empezar. Durante años los movimientos sociales en el Estado español hemos conocido esencialmente derrotas. La falta de victorias que muestren la utilidad de la movilización social y hagan aumentar las expectativas de lo posible ha pesado como una losa en la lenta reacción inicial ante la crisis.

Precisamente ahí entra la gran contribución de las revoluciones en el mundo árabe a las protestas en curso.

Muestran que la acción colectiva es útil, que “sí se puede”.

De ahí que éstas, igual que la menos mediática victoria contra los banqueros y la clase política en Islandia, hayan sido un referente desde el comienzo para las y los manifestantes y activistas.

Junto con el convencimiento de que “es posible”, de que se pueden cambiar las cosas, la pérdida del miedo, en un momento de crisis y dificultades, es otro factor clave.


“Sin miedo” es precisamente uno de los eslóganes que más se han sentido estos días.

El miedo atenaza todavía una gran mayoría de los trabajadores y los sectores populares y éste da alas a la pasividad o a las reacciones xenófobas e insolidarias.
Pero la movilización del 15M y las acampadas expanden como una mancha de aceite un poderoso antídoto para el miedo que amenaza con desmontar los esquemas a una élite dirigente al frente de un sistema cada vez más deslegitimado.

El movimiento del 15M y las acampadas tiene un importante componente generacional. Como cada vez que estalla un nuevo ciclo de luchas, emerge con fuerza una nueva generación militante, y la “juventud” como tal adquiere visibilidad y protagonismo. Si bien este componente generacional y juvenil es fundamental, y se expresa además en algunos de los movimientos organizados que han tenido visibilidad estos días como “Juventud Sin Futuro”, hay que remarcar que la protesta en curso no es un movimiento generacional. Es un movimiento de crítica al actual modelo económico y a los intentos que la crisis la paguen los trabajadores con un peso fundamental de la juventud. Precisamente el reto es que, como en tantas ocasiones, la protesta juvenil actúe como factor desencadenante y catalizador de un ciclo de luchas sociales más amplio.

El espíritu antiglobalización de vuelta

El dinamismo, la espontaneidad y el empuje de las protestas actuales son las más fuertes desde la emergencia del movimiento antiglobalización desde hace más de una década.

Irrumpido internacionalmente en noviembre de 1999 en las protestas de Seattle durante la cumbre de la OMC (aunque sus antecedentes se remontan al alzamiento zapatista en Chiapas en 1994), la ola antiglobalizadora llegó rápidamente al Estado español.

La consulta por la abolición de la deuda externa en marzo de 2000 (celebrada el mismo día de las elecciones generales y cuya realización fue prohibida en varias ciudades del Estado por la Junta Electoral) y la fuerte movilización para participar en la contracumbre de Praga en septiembre del 2000 en contra del BM y el FMI fueron los primeros signos de arranque, en particular en Catalunya.

Pero su masificación y ampliación llegarían con las movilizaciones contra la cumbre del Banco Mundial en Barcelona en los días 22 y 24 de junio de 2001, cuyo décimo aniversario está a punto de cumplirse. Justo diez años después asistimos al nacimiento de un movimiento cuya energía, entusiasmo y fuerza colectiva no habíamos visto desde entonces. No será éste, pues, un décimo aniversario nostálgico.

Todo lo contrario. Vamos a celebrarlo con el nacimiento de un nuevo movimiento.

Las asambleas estos días en Plaza Catalunya (y, sin duda, en todas las acampadas que recorren el Estado empezando por la de Sol en Madrid) nos han dado momentos impagables, de aquellos que suceden cada mucho tiempo y que marcan un antes y un después en las trayectorias biográficas de quines participan en los mismos y en la dinámica de las luchas sociales.


El 15M y las acampadas son auténticas “luchas fundacionales” y síntomas claros que asistimos a un cambio de ciclo y que el viento de la rebelión sopla de nuevo. Al fin. Una verdadera “generación Tahrir” emerge, como antes lo hizo una “generación Seattle o “generación Génova”.

A medida que el impulso “antiglobalizador” fue recorriendo el planeta, siguiendo a las cumbres oficiales en Washington, Praga, Québec, Goteborg, Génova o Barcelona, miles de personas se sintieron identificadas con estas protestas y una gran diversidad de colectivos de todo el planeta tuvieron la sensación de formar parte de un mismo movimiento, del mismo “pueblo”, el “pueblo de Seattle” o de “Génova”, de compartir unos objetivos comunes y sentirse partícipes de una misma lucha.

El movimiento actual se inspira también en los referentes internacionales más recientes e importantes de luchas y de victorias.

Busca situarse en la estela de movimientos tan dispares como las revoluciones en Egipto y Túnez o la victoria en Islandia, ubicando su movilización en un combate general contra el capitalismo global y la élite política servil. Dentro del propio estado español, las manifestaciones del 15M y ahora las acampadas, en un ejemplo simultáneo de descentralización y de coordinación, dibujan una identidad compartida y una comunidad simbólica de pertenencia.

El movimiento antiglobalización tuvo en su fase de ascenso en el punto de mira a las instituciones internacionales, OMC, BM y FMI y las firmas multinacionales. Después, con el inicio de la “guerra global contra el terrorismo” proclamada por Bush hijo, la crítica a la guerra y a la dominación imperialista adquirieron centralidad. El movimiento actual coloca en el eje de la crítica a una clase política, cuya complicidad y servidumbre ante los poderes económicos ha quedado más expuesta que nunca.

“No somos mercancías en manos de políticos y banqueros” rezaba uno de los eslóganes principales del 15M. Se enlaza así la crítica frontal a la clase política y a la política profesional y la crítica, no siempre bien articulada y coherente, al actual modelo económico y a los poderes financieros. “¿Capitalismo? Games Hover”.

Hacia el futuro

El futuro del movimiento iniciado el 15M es imprevisible. A corto plazo el primer reto es seguir ampliando las acampadas en curso, ponerlas en marcha en las ciudades donde todavía no hay y conseguir que, por lo menos, continúen hasta el domingo 22.

A nadie se le escapa que las jornadas del 21, día de reflexión, y del día 22, día de las elecciones, van a ser decisivas. En estos dos días la masificación de las acampadas es fundamental.

Es necesario también plantearse nuevas fechas de movilización, en la estela del 15M, para seguir manteniendo el pulso. El reto principal es mantener esta dinámica simultánea de expansión y radicalización de la protesta que hemos vivido los últimos días. Y, en el caso específico de Cataluña, buscar sinergias entre la radicalidad y las ansias de cambio de sistema expresados el 15M y en las acampadas, con las luchas contra los recortes sociales, en particular en sanidad y educación. La acampada de Plaza Cataluña se ha convertido ya en un punto de encuentro, un poderoso imán, de muchos de los sectores en lucha más dinámicas. Se trata de convertirla en un punto de encuentro de las resistencias y las luchas, que permita te
nder puentes, facilitar diálogos, y propulsar con fuerza las movilizaciones futuras. Establecer alianzas entre las protestas en curso, entre los activistas no organizados, y el sindicalismo alternativo, el movimiento vecinal, los colectivos de barrio...es el gran desafío de los próximos días.

“La revolución empieza aquí...” coreábamos ayer en Plaza Catalunya. Bueno, al menos lo que comienza es un nuevo ciclo de luchas. De lo que no hay dudas ya es que, más de una década después del ascenso del movimiento antiglobalización y dos años después del estallido de la crisis, la protesta social ha vuelto para quedarse.















martes, 22 de febrero de 2011

LOS DESAFIOS QUE PRESENTA A LA MASONERIA LA REVOLUCION EGIPCIA

En estas últimas horas, se ha publicado en Al Jazeera un artículo por demás interesante en torno a la revolución de 18 días que en Egipto ha derrocado al presidente Hosni Mubarak
La revolución tiene condimentos por demás extraordinarios: ha partido de una convocatoria por facebook, ha intervenido la realidad virtual de internet en la realidad de las revueltas y muertes que lograron hacer huir del país al otrora tirano.
El artículo que seguidamente -e infelizmente sin tiempo- se puede leer en su texto inglés, se centra no sólo en esos hechos, para mostrar que los seis meses que el ejército ha asumido como compromiso para reestablecer la democracia pueden ser muy exiguos (si se tiene en cuenta la debilidad de las instituciones políticas y judiciales que dejó el mubarakismo) o excesivamente laxos si el acento se pone en las acechanzas internas revolucionarias (gatopardismo), y externas tanto de Israel como de Estados Unidos de Norteamérica e inclusive sus aliados de la Unión Europea.
Creo que el análisis del Profesor Richard Falk que es el que se puede leer seguidamente, finaliza con una urgente convocatoria a los "hombres de bien", es decir una convocatoria que indudablemente posee los ingredientes necesarios para que la francmasonería internacional a través de sus hijos mas preclaros, colabore no sólo en la pacificación de Egipto, sino en la re-estabilización de la relación entre Israel y sus vecinos palestinos, sugiriendo el autor el cumplimiento de la Resolución 242 de 1967 que restituye a Palestina el 22% de su territorio histórico y que es hoy aceptada inclusive por Hamas.
Creo además personalmente, que la masonería no debe hacer política, pero sí sus hombres son constructores no sólo de paz, de armonía y de todo cimiento entre los mismos hombres que culminen en la fraternidad, igualdad y libertad deseada, sino que además nos encontramos enfrentados al desafío pendiente inclusive desde la caída de la civilización de Córdoba, cuando los reyes de España expulsaron a los judíos en 1492 en forma definitiva y negaron la hermosísima tradición dejada por Al Islam.
Esta coyuntura histórica entonces es algo más que una ocasión: es tal vez la posibilidad de incorporar al universo de la libertad y de la democracia al pueblo que más nos ha legado en materia de tradición gnóstica, ciencia, poesía y conocimiento del cosmos.
POST MUBARAK ERA
by Richard Falk
While Egyptians' demonstrations quickly gathered pace over the course of 18 turbulent days, they must still ride through the coming storm as its neighbours, near and far, attempt to influence its direction [GALLO/GETTY]
The Egyptian revolution has already achieved extraordinary results: after only eighteen intense days of dramatic protests. It brought an abrupt end to Mubarak's cruelly dictatorial and obscenely corrupt regime that ruled the country for more than thirty years. It also gained a promise from Egyptian military leaders to run the country for no more than six months of transition - the minimum period needed for the establishment of independent political parties, free elections and some degree of economic restabilisation.
It is hoped that this transition would serve as the prelude to, and first institutional expression of, genuine democracy. Some informed observers, most notably Mohamed ElBaradei, worry that this may be too short a time to fill the political vacuum that exists in Egypt after the collapse of the authoritarian structures that used its suppressive energies to keep civil society weak - and to disallow governmental institutions, especially parliament and the judiciary - to function with any degree of independence. It is often overlooked that the flip side of authoritarianism is nominal constitutionalism.
In contrast, some of the activist leaders that found their voices in Tahrir Square are concerned that even six months may be too long - giving the military and outside forces sufficient time to restore the essence of the old order, while giving it enough of a new look to satisfy the majority of Egyptians.
Such a dismal prospect seems to be reinforced by reported US efforts to offer emergency economic assistance apparently designed to mollify the protesters, encourage popular belief that a rapid return to normalcy will provide this impoverished people - 40 per cent of whom live on less than $2 per day, facing rising food prices and high youth unemployment - with material gains.
A fresh start
The bravery, discipline and creativity of the Egyptian revolutionary movement is nothing short of a political miracle, deserving to be regarded as one of the seven political wonders of the modern world. To have achieved these results without violence, despite a series of bloody provocations - and persisting without an iconic leader - without even the clarifying benefit of a revolutionary manifesto, epitomises the originality and grandeur of the Egyptian revolution of 2011.
Such accomplishments shall always remain glories of the highest order that can never be taken away from the Egyptian people, regardless of what the future brings. And these glorious moments belong not just to those who gathered at Tahrir Square and at the other protest sites in Cairo - but belong to all those ignored by the world's media, those who demonstrated at risk to and often at the cost of their life or physical wellbeing, day after day throughout the entire country in every major city.
Both the magnitude and intensity of this spontaneous national mobilisation was truly remarkable. The flames of an aroused opposition were fanned by brilliantly innovative, yet somewhat obscure, uses of social networking, while the fires were lit by the acutely discontented youth of Egypt - and kept ablaze by people of all class and educational backgrounds coming out into the street.
The inspirational spark for all that followed in Egypt and elsewhere in the region, let us not forget, was provided by the Tunisian revolution. What happened in Tunisia was astonishing in equal measure to the amazing happenings in Egypt - not only for being the initiating tremor - but also for reliance on nonviolent militancy to confront a ruthlessly oppressive regime so effectively that the supposed invincible dictator, Ben Ali, escaped quickly to Saudi Arabia for cover.
The significance of the Tunisian unfolding and its further developments should not be neglected or eclipsed during the months ahead. Without the Tunisian spark we might still be awaiting the Egyptian blaze.
The next step?
As is widely understood, after the fireworks and the impressive cleanup of the piles of debris and garbage by the revolutionaries in Tahrir Square - itself a brilliantly creative footnote to their main revolutionary message - there remains the extraordinarily difficult task of generating ex nihil a new governing process based on human rights, the will of the Egyptian people - and a mighty resolve to guard sovereign rights against the undoubted plots of canny external actors scared by and unhappy with the revolution, seeking to rollback the outcome - and seeking, by any means, the restoration of Mubarakism without Mubarak.
The plight of the Egyptian poor must be placed on the top of the new political agenda, which will require not only control of food and fuel prices - but the construction of an equitable economy that gives as much attention to the distribution of the benefits of growth as to GNP aggregate figures.
Unless the people benefit, economic growth is a subsidy for the rich, whether Egyptian or foreign.
Short of catastrophic imaginings, which, if interpreted as warnings may forestall their actual occurrence, there are immediate concerns: It seemed necessary to accept the primacy of the Egyptian military with the crucial task of overseeing the transition - but is it a trustworthy custodian of the hopes and aspirations of the revolution? Its leadership was deeply implicated in the corruption and the brutality of the Mubarak regime, kept in line over the decades by being willing accomplices of oppressive rule and major beneficiaries of its corrupting largess.
How much of this privileged role is the military elite ready to renounce voluntarily out of its claimed respect for and deference to the popular demand for an end to exploitative governance in a society languishing in mass poverty? Will the Egyptian military act responsibly to avoid the destructive effects of a second uprising against the established order?
The influence of the west
It should also not be forgotten that the Egyptian officer corps was mainly trained in the United States, and that coordination at the highest level between US military commanders and their Egyptian counterparts has already been resumed, especially with an eye toward maintaining "the cold peace" with Israel. These nefarious connections help explain why Mubarak was viewed for so long as a loyal ally and friend in Washington, Tel Aviv, and Riyadh - and why the inner counsels of these governments are reacting with concealed panic at the outburst of emancipatory politics throughout the region.
I would suppose that these old relationships are being approached with emergency zeal to ensure that however the transition to Egyptian democracy goes, it somehow exempts wider controversial regional issues from review and change that may reflect the values that animated the revolutionary risings in Tunisia and Egypt.
The impact on the Middle East
These values would suggest solidarity with movements throughout the Middle East to end autocratic governance, oppose interventions and the military presence of the United States, solve the Israel/Palestine conflict in accordance with international law - rather than "facts on the ground", and seek to make the region - including Israel - a nuclear free zone, reinforced by a treaty framework establishing peaceful relations and procedures of mutual security.
It does not require an expert to realise that such changes, consistent with the revolutionary perspectives that prevailed in Egypt and Tunisia, would send shivers down the collective spines of autocratic leaders throughout the region, as well as being deeply threatening to Israel and to the grand strategy of the United States - and, to a lesser extent, the European Union - determined to safeguard economic and political interests in the region by reliance on the military and paramilitary instruments of hard power.
What is at stake, if the revolutionary process continues, is Western access to Gulf oil reserves at prices and amounts that will not roil global markets - as well as the loss of lucrative markets for arms sales.
Also at risk is the security of Israel, so long as its government refuses to allow the Palestinians to have an independent and viable state within 1967 borders that accords with the two state solution long favoured by the international community - and long opposed by Israel.
Such a Palestinian state - existing with full sovereign rights on all territories occupied by Israel since the 1967 war - would mean an immediate lifting of the Gaza blockade, withdrawal of occupying Israeli forces from the West Bank, dismantling of the settlements - including those in East Jerusalem, allowing Palestinian refugees to exercise some right of return, and agreeing either to the joint administration of Jerusalem or a Palestinian capital in East Jerusalem.
It should be understood that such a peace was already implicit in Security Council Resolution 242 that was unanimously adopted in 1967, proposed again by Arab governments in 2002 with a side offer to normalise relations with Israel - and already accepted by the Palestinian National Council back in 1988 and reaffirmed just a few years ago by Hamas as the basis for long-term peaceful coexistence.
It should be understood that this Palestinian state claims only 22 per cent of historic Palestine - and is a minimal redress of justice for an occupation that has lasted almost 44 years - recall that the 1947 UN partition plan gave the Palestinians 45 per cent and that seemed unfair at the time. We must also understand the expulsion that resulted in an outrageously prolonged refugee status for millions of Palestinians, deriving from the nakba of 1948.
But until now, even this minimal recognition of the Palestinian right to self-determination has been unacceptable to Israel, as most recently evidenced in the Palestine Papers which provide evidence that even, when the Palestinian Authority agreed to extravagant Israeli demands for retention of most settlements, including in East Jerusalem - and abandonment of any provision for the return of Palestinian refugees, the Israelis were not interested, and walked away.
The question now is whether the revolutionary challenges posed by the outcome in Egypt will lead to a new realism in Tel Aviv, or more of the same - which would mean a maximal effort to rollback the revolutionary gains of the Egyptian people. If that proves impossible, then at least do whatever possible to contain the regional enactment of revolutionary values.
Grassroots amateurs
Does this seemingly amateur - in the best sense of the word - movement in Egypt have the sustaining energy, historical knowledge and political sophistication to ensure that the transition process fulfills revolutionary expectations? So many past revolutions, fulsome with promise, have faltered precisely at this moment of apparent victory.
Will the political and moral imagination of Egyptian militancy retain enough energy, perseverance and vision to fulfill these requirements of exceptional vigilance to keep the circling vultures at bay? In one sense, these revolutions must spread beyond Tunisia and Egypt - or these countries will be surrounded and exist in a hostile political neighborhood.
Some have spoken of the Turkish domestic model as helpfully providing an image of a democratising Egypt and Tunisia, but its foreign policy under AKP leadership is equally, if not more, suggestive of a foreign policy worthy of these revolutions and their aftermath - and essential for a post-colonial Middle East that finally achieves its "second liberation".
The first liberation was to end colonial rule. The second, initiated by the Iranian revolution in its first phase, seeks the end of geopolitical hegemony - and this struggle has barely begun.
Shaking the foundations of post-colonial rule
How dangerous would intervention - probably not overt, but in the form of maneuvers beneath the surface of public perception - really be? The foreign policy interests of these governments and allied corporate and financial forces are definitely at serious risk. If the Egyptian revolutionary process unfolds successfully in Egypt during the months ahead, it will have profound regional effects that will certainly shake the foundations of the old post-colonial regional setup - not necessarily producing revolutions elsewhere but changing the balance, in ways that enhance the wellbeing of the peoples and diminish the role of outsiders.
These effects are foreseeable by the adversely affected old elites, creating a strong - if not desperate - array of external incentives to derail the Egyptian revolution by relying on many varieties of counter-revolutionary obstructionism. It is already evident that these elites, with help from their many friends in the mainstream media, are already spreading falsehoods about the supposed extremism and ambitions of the Muslim Brotherhood seemingly intent on distracting public attention, discrediting the revolution -and building the basis for future interventionary moves, undertaken in the name of combating extremism, if not outrightly "justified" as counter-terrorism efforts.
It is correct that, historically, revolutions have served off course by succumbing to extremist takeovers. In different ways this happened to both the French and Russian revolutions - and more recently to the Iranian revolution. Extremism won out, disappointing the democratic hopes of the people, leading to either the restoration of the old elite or to new forms of violence, oppression, and exploitation.
Why? Each situation is unique and original, but there are recurrent patterns. During the revolutionary struggle, opposition to the old regime is deceptively unifying, obscuring real and hidden tensions that emerge later to fracture the spirit and substance of solidarity. Soon after the old order collapses - or as in Egypt - partially collapses, the spirit of unity is increasingly difficult to maintain. Some fear a betrayal of revolutionary goals by the untrustworthy managers of transition. Others fear that reactionary and unscrupulous elements from within the ranks of the revolution will come to dominate the democratising process. Still others fear all will be lost unless an all out struggle against internal and external counter-revolutionary plots - real and imagined - is launched immediately.
And often, in the confusing and contradictory aftermath of revolution, some or all of these concerns have a foundation in fact.
The revolution does need to be defended against its real enemies, which definitely exist - as well to avoid imagined enemies that produce tragic implosions of revolutionary processes. It is in this atmosphere of seeking to consolidate revolutionary gains that the purity of the movement is at risk, and is tested in a different manner than when masses of people were in the streets defying a violent crackdown.
The danger in Egypt is that the inspirational nonviolence that mobilised the opposition can, in the months ahead, either be superseded by a violent mentality or succumb to external and internal pressures by being too passive or overly trusting in misleading reassurances.
Perhaps, this post-revolutionary interval - between collapse of the old and consolidation of the new- poses the greatest challenge to yet face this exciting movement led by young leaders who are just now beginning to emerge from the shadows of anonymity. All persons of good will should bless their efforts to safeguard all that has been so far gained - and to move forward in solidarity toward a sustainably humane and just future for their society, their region, and their world.
Richard Falk is Albert G. Milbank Professor Emeritus of International Law at Princeton University and Visiting Distinguished Professor in Global and International Studies at the University of California, Santa Barbara. He has authored and edited numerous publications spanning a period of five decades, most recently editing the volume International Law and the Third World: Reshaping Justice (Routledge, 2008).
He is currently serving his third year of a six year term as a United Nations Special Rapporteur on Palestinian human rights.
The views expressed in this article are the author's own and do not necessarily reflect Al Jazeera's editorial policy.


sábado, 19 de febrero de 2011

GUERRA CONTRA LOS DIOSES

Guerra contra los dioses
del R.:H.: Oscar M. PEREYRA.
Estaban cansados de ser títeres de dioses aburridos, de la trama, de los engaños, de tanta muerte por una causa que ya se cuestionaban: Helena de Troya, ¿valía la pena?

Zeus estaba furioso, y con una profunda voz que semejaba a un gigante y estremecedor trueno, interroga a Aquiles y Héctor, junto con sus ejércitos: "¿TIENEN ALGO QUE DECIR ANTES DE QUE USTEDES Y LOS DE SU ESPECIE MUERAN?".

"Ríndete ahora", le contesta Aquiles, "y no mataremos a sus diosas para que se conviertan en nuestras esclavas y cortesanas".

Le cuesta a la mente hacerse a la idea de que seres humanos decidan atacar al Olimpo y vencer a todos los dioses. ¿Declararle la guerra a los dioses? (Ilium/Dan Simmons)

Pero esto es justamente lo que ha venido pasando con la humanidad: se cuestiona, se cambia, se innova, se arriesga, se ataca a los dioses predominantes para que caigan y nazcan unos nuevos.

Conviene enfatizar que por dioses también se entiende a los paradigmas actuales que se conforman de maneras sutiles pero incisivas, y se convierten en ley, en dogma, en mandamiento; hasta que llega alguien y los tumba, o bien, los presenta con una perspectiva completamente diferente.

"Dios ha muerto", fue quizá la frase más famosa de Friedrich Nietzsche, filósofo del siglo pasado.
Contra pronósticos, con riesgo de perder la vida, con probabilidades casi cero, el humano se lanza.
Contra el mamut, contra desastres naturales, contra climas hostiles, contra la miseria y la enfermedad, contra ideas predominantes, contra su vieja versión de él mismo. Y el cosmos parece conspirar, y llegan las ayudas de diversos lados, aparece la magia, se sacan las fuerzas, y la transformación se cristaliza.

Colón, contra el mito de la tierra plana; Galileo, contra la idea de que el sol giraba alrededor de la tierra; Gutenberg, contra la palabra hablada; Newton, contra la ignorancia de la física; Einstein, contra los estándares mecanicistas; Aristóteles, contra las explicaciones ilógicas y la ausencia del raciocinio.

Cristo, San Pablo, Mohamed, Lao Tsé, Buda, Confucio, contra el vacío de una vida sin sentido, y cada uno de ellos plasmó su propia idea de Dios.

En un tono más salvaje, llegaron los españoles a América, y todos los Dioses de los indígenas desde Huitzilopochtli hasta el místico Quetzalcoatl, fueron derrumbados. Cortéz, con 553 soldados se impuso sobre miles de indígenas en México, mientras que Pizarro, con 177 hombres, derrocó a un ejército de 40,000 indígenas en el Perú.

En un tono más humano, hace décadas Rosa Parks -una mujer de la tercera edad de ascendencia africana- decidió ir en contra de lo establecido: en el transporte urbano norteamericano las personas de raza negra tenían que ponerse de pie para dejarles el lugar a las personas de raza blanca. Y ella, un buen día y tras años de estarlo haciendo, se negó. Se armó un escándalo y desembocó en una necesaria crisis racial.

¿Divorciarse? Claro que sí, en la opinión de Enrique VIII: la religión no me acomoda, hago una nueva que sí me acomode.

¿Bendecir algo maldito? Hace 600 años, la bebida del café se hizo popular en el Medio Oriente y África. Particularmente era favorecido por monjes musulmanes para mantenerse despiertos en la larga noche de oración y ritual. La Iglesia Católica, temerosa, empezó a asociar esa bebida con religiones inferiores, "la bebida del diablo".

Hasta que llegó Clemente VIII que, probando una taza de café dijo: "esta bebida de Satanás es deliciosa, sería una pena dejarle en exclusiva a los infieles. Engañaremos al diablo bendiciéndola".
¿Un auto para todo mundo? Henry Ford visualizó un auto para cada familia empezando por sus obreros.

¿Contra Microsoft? Linus Torvalds, creador de Linux: un sistema abierto, espontáneo, gratuito, que se ha convertido en una piedra en el zapato -que crece por minuto- para Microsoft.

¿Una computadora en cada hogar? -la bandera de Steven Jobs cuando el despegue de Apple- suena básico hoy en día; pero Thomas Watson, fundador de IBM dijo en 1943: "Considero que hay un mercado mundial de unas 5 computadoras". Ken Olson, en 1977 Presidente de DEC dijo "no hay ninguna razón para que un individuo tenga una computadora en su casa".
También están los casos en los que la audacia y la propensión humana de arrojarse a nuevos mundos, invenciones y descubrimientos, se quedan en el camino del progreso, y funcionan como parte de un proceso que le abre la brecha a otros.

Y se llamaba Ícaro, que junto con su padre quedó desterrado en una remota isla. Para escapar, se les ocurrió construir unas alas grandes y pegarlas con cera. Icaro quiso volar primero, su padre le advirtió que no volara muy alto, que se cuidara del calor del sol porque podría derretir la cera con la que estaban pegadas las alas. Pero Icaro, en su impulso juvenil, se dejó llevar, y pasó justo eso: el sol desmembró sus alas, cayó, murió. Su padre, con profunda tristeza, reconstruyó las alas, y en vuelo cauteloso abandonó con éxito la isla.
Era segundo año de secundaria, y Miss Deborah preguntó, ¿muchachos, la moraleja de la historia, cuál es?
Y nadie contestó. Se desespera y ella nos la dice: "el progreso siempre tiene sus costos, sus fatalidades, su precio, pero siempre acaba siendo progreso".

Y las personas persistimos.
Por inocentes, por inquietos, por ambiciosos, por curiosos, por desadaptados, por irreverentes, por ignorantes.
Seguimos retando a los dioses, seguimos quemándonos en el proceso, y seguimos, con bandazos, recorriendo el camino en busca del auténtico progreso.

sábado, 27 de noviembre de 2010

LA DOCTRINA ECONOMICA Y EL EVANGELIO DEL POBRE.


Muchas veces los pensamientos quedan deshilvanados. Sin embargo, en las próximas entregas seguiremos insistiendo en dos aspectos fundacionales de política masónica: el fin del sistem liberal capitalista, y los intentos que éste realiza para evitar el cambio que se aproxima, yá desde la confirmación de las políticas que han demostrado invariablemente su necedad o innecesariedad para los países en desarrollo, yá desde el instrumento de poder de la fe, que como se ha podido observar ultimamente en la entrevista al sr Iván Petrella, confunde teología y fe, con moral y ética.
Como el tema es demasiado extenso, me ha parecido oportuno retomar con cautela y sin que esto signifique mi aval personal al proceso de fe que propugna, el texto del entrañable Rubén Dri, otro de los tantos expulsados del catolicismo por pensar el texto evangélico desde el ojo del pobre.
Seguidamente entonces, para reflexión y como pauta indicativa para los tiempos que vienen con la nueva concepción del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo aggiornados, el texto del Profesor y Maestro Rubén Dri.
El evangelio o buena nueva o excelente noticia no es el imperio romano sino el Reino de Dios.
JESÚS ES EL HIJO DE DIOS, NO EL CESAR. EL EVANGELIO VIENE DEL POBRE, NO DEL PODER.
Escrito por Ruben Dri - Koeyu -

El que quiera ser el más importante entre ustedes, que se haga servidor de todos, y el que quiera ser el primero, que se haga el siervo de todos. (Mc 10, 42-43)
JESÚS ES EL HIJO DE DIOS, NO EL CESAR. EL EVANGELIO VIENE DEL POBRE, NO DEL PODER por Ruben Dri
Revista Koeyu Latinoamericano( De “La construcción del poder popular”)

-Los que son considerados como jefes de las naciones, las gobiernan como si fueran sus dueños; y los poderosos las oprimen con su poder. Pero entre ustedes no ha de ser así. Al contrario, el que quiera ser el más importante entre ustedes, que se haga servidor de todos, y el que quiera ser el primero, que se haga el siervo de todos (Mc 10, 42-43) .

Hegemonía y poder.

Como es sabido el triunfo de la revolución en la Rusia zarista y las derrotas de los intentos revolucionarios de la segunda década del siglo XIX en Alemania, Hungría e Italia, llevaron a Antonio Gramsci a una profunda reflexión sobre las causas de tan dispar destino de los intentos revolucionarios.
La contribución más importante de estas reflexiones gira alrededor del concepto de hegemonía que, desde entonces figura en todas las elucubraciones que tienen que ver con la realidad política.
Me interesa en estas reflexiones trabajar sobre la relación que veo entre dicho concepto y la construcción del poder popular, reinterpretando el concepto de hegemonía, o, incluso, corrigiéndolo.
Para empezar, hay una observación importante que hace Gramsci al referirse a las diferencias existentes entre las tareas que le esperan a la revolución de octubre y las que es perentorio realizar en las revoluciones del los países centroeuropeos.
Siendo la sociedad zarista una sociedad en la que prácticamente no había sociedad civil, tomado el Estado, o la fortaleza, como lo denomina Gramsci, la tarea a realizar era nada menos que la de crear la sociedad civil, lo que significa, crear la hegemonía, entendida ésta como consenso de los ciudadanos.
Ese consenso es poder.
Construir la hegemonía es construir poder, poder horizontal, democrático. Esta tarea no puede ser creada desde arriba, pero es el único lugar en que esa revolución la podía realizar.
Una contradicción prácticamente insoluble, como se mostró ulteriormente.
Como se ve, me estoy sirviendo del concepto gramsciano de hegemonía, pero transformado o reinterpretado, como se quiera.
Es muy difícil, por no decir imposible, que la revolución soviética no terminase en el estalinismo.
De hecho, esto ya había sido expuesto por Hegel en la célebre dialéctica del señor y el siervo.
El camino del señor es un callejón sin salida. Desde el poder de dominación, aunque éste se denomine dictadura del proletariado es imposible pasar a una sociedad del mutuo reconocimiento.
Los sujetos no se realizan por una concesión que hace desde arriba.
Se conquista en una lucha en la que los siervos, dejan de serlo, no se reconocen como siervos, sino como sujetos.
Gramsci plantea correctamente, para las sociedades avanzadas, con sociedad civil ampliamente desarrollada, que la hegemonía debía preceder a la toma del poder o del Estado.
Creo que ese principio vale para toda revolución y no sólo para las sociedades avanzadas, porque si la hegemonía no se construye en el camino, no se la construirá posteriormente.
Se repetirán las prácticas anteriores.
La hegemonía como consenso democrático no puede ser construido desde arriba, porque ello implica subordinación.
Quien detenta el poder del Estado o el poder político y económico puede obtener legitimación, que implica aceptación de la dominación, pero no hegemonía en el sentido de consenso democrático.
Éste sólo puede lograrse desde el seno de la sociedad civil. Es una construcción que se realiza entre iguales.
Algunos ejemplos históricos ilustrarán lo que quiero expresar.
Tomaré dos de los más significativos, el del cristianismo primitivo y el de la Revolución Francesa.
El primero como un caso histórico que muestra la conquista y la pérdida de la hegemonía, y el segundo, el de una conquista que se mostró irreversible.
Después de la muerte de Jesús de Nazaret que había bregado por una revolución igualitaria en la sociedad hebrea del siglo primero, sus discípulos, una vez recuperados del desconcierto de la derrota que significó la muerte de su líder, comenzaron a repensar su práctica en un contexto totalmente distinto.
Efectivamente, del pueblo hebreo, en el cual había una historia en la que se insertaba el proyecto liberador de Jesús habían pasado a habitar en pueblos sometidos por el imperio romano, en los que la única manera de insertar el proyecto era enfrentar al poder opresor del imperio.
La tarea que emprenden es la de una verdadera lucha por la hegemonía que implica, entre otras cosas, reinterpretar determinados símbolos, cambiando su sentido, de opresor en liberador, y crear otros.

Tomaré algunos de los símbolos más significativos que tuvieron esta metamorfosis.

El evangelio viene del pobre, no del poder.
-Principio del evangelio de Jesús Cristo, Hijo de Dios (Mc 1,1).
Así comienza Marcos su narración sobre la práctica y el mensaje de Jesús de Nazaret, conocida como evangelio.
Hoy el vocablo evangelio, reinterpretado desde el poder de dominación, ha pasado a significar una narración religiosa sin connotación alguna con cuestionamientos que tenga que ver con situaciones sociales, económicas o políticas.
Sin embargo, se trata de una de las geniales creaciones del lenguaje anti-imperial de algunas de las primeras comunidades que contraponen la práctica y el mensaje liberador de Jesús de Nazaret a la práctica y el mensaje opresor del imperio romano.
Efectivamente, según el Diccionario Teológico del Nuevo Testamento es -un término técnico para -nuevas victorias, especialmente en las batallas militares. (Ched Myers, 1988 p. 123).
El evangelio del imperio se transmitía a través de las victorias de las tropas que significaban destrucción, muerte y opresión para los vencidos.
La descripción del -endemoniado de Gerasa nos muestra claramente las consecuencias de semejante evangelio: -Andaba siempre, día y noche, entre los sepulcros y por los cerros, gritando y lastimándose con piedras. (Mc 5, 5).
El demonio que se había apoderado de este individuo se llamaba legión, es decir, el imperio romano en su expresión más tenebrosa para los dominados, el ejército.
La dominación ocasiona desequilibrios en los dominados.
A éstos se les cierra el horizonte, se les truncan las posibilidades de realizarse como sujetos. Son reducidos a objetos descartables.
La osadía de Marcos es mayúsculas.
El verdadero evangelio no es el que transmite el imperio sino el que surge del mensaje del campesino de Nazaret llamado Jesús.
El evangelio es: -Se ha cumplido el tiempo y está cerca el Reino de Dios: conviértanse y crean en el evangelio. (Mc 1, 15)
El evangelio o buena nueva o excelente noticia no es el imperio romano sino el Reino de Dios.
El Reino de Dios es una sociedad antimonárquica, antijerárquica, antitributaria. Es una sociedad de iguales, de hermanos, en la que todo se comparte.
El único rey aceptado es Dios quien ni vive en templos sino en el pueblo.
Toda la actividad de Jesús se realiza en las aldeas, en el campo, en las casas de familia, en las sinagogas.
El templo, para Jesús, es como la higuera que no da frutos.

El campesino Jesús es el Señor, no el emperador.

En la ideología del imperio, había un solo Señor, el emperador, el verdadero señor del mundo como la denomina Hegel.
En su lucha contrahegemónica las comunidades cristianas otorgan ese título a Jesús, el campesino de Nazaret que pasa a ser el Cristo, el Señor - Kyrios-Ésta es la raíz de las persecuciones que sufrirán diversas comunidades cristianas.
Celso nos proporciona un buen testimonio sobre el tema.
En efecto, al principio que sostienen los primeros cristianos sobre la imposibilidad de servir a dos señores, contesta Celso que ésas son -palabras de facciosos que quieren hacer grupo aparte y separarse del común de la sociedad. (Celso, 1989 p.111)
Más adelante agrega Celso: -quien, hablando de Dios, declara que hay un solo ser al que se debe el nombre de ´Señor´, es un impío que divide el reino de Dios e introduce en él la sedición, como si hubiese dos partidos opuestos, como si dios tuviese delante de sí un rival para hacerle frente. (Id. p. 112).
La indignación de Celso es explicable. Los cristianos admiten al Cristo como único Señor. Ello significa que se lo niegan al emperador y a los dioses del imperio.
En consecuencia se niegan a participar en los cultos públicos, pues éstos significaban la legitimación del imperio.
Era la utilización te la teología para legitimar el poder de dominación imperial, ese pecado que es imperdonable al decir de Jesús. (Mc 3, 28-30).
Con más claridad y contundencia todavía se expresa Celso: -Suponed que os ordenen jurar por el Jefe del Imperio. No hay ningún mal en hacer tal cosa. Porque, es entre sus manos en donde fueron colocadas las cosas de la tierra, y es de él de quien recibís todos los bienes de la existencia. Conviene atenerse a la antigua frase: ´Es necesario un solo rey, aquel a quien el hijo del artificioso Saturno confió el cetro´. Si procuráis minar este principio, el príncipe os castigará, y razón tendrá; es que si todos los demás hiciesen como vosotros, nada impediría que el Emperador se quedase en solitario y abandonado y el mundo entero se tornaría presa de los bárbaros más salvajes y más groseros. No existiría en breve ninguna señal de vuestra hermosa religión, y lo mismo acontecería de la verdadera sabiduría entre los hombres. (Celso, 1989 p. 122).
Hic Rhodus, hic salta! Aquí hay que saltar.
Aquí está el problema que los cristianos le plantean al imperio, aquí se encuentra la clave de las persecuciones.
Celso es claro y contundente. Dice que en manos del emperador -fueron colocadas todas las cosas de la tierra. Los cristianos lo niegan.
Ellas están en manos del único Señor que no es precisamente el emperador. Éste las ha usurpado. Del emperador reciben todos los bienes de la existencia sólo los poderosos, los que pertenecen a la burocracia imperial o a la aristocracia.
La mayoría no sólo no recibe esos bienes, sino que recibe los males de la opresión militar, de la opresión económica, del hambre y la muerte, denunciados por el apocalipsis en las figuras de los jinetes. (Ap ).

Jesús es el Hijo de Dios, no el emperador.

-Cayo Octavio nació el 23 de septiembre del año 63 a.e.c. y se convirtió en hijo adoptivo y heredero legítimo de Julio César, asesinado el 15 de marzo del 44 a.e.c.. Luego de la deificación de César por el Senado de Roma el 1º de enero del 42 a.e.c., Octavio se convirtió inmediatamente en divi filius, hijo de un divino (Crossan 1996 p. 20).
Octavio, el fundador del imperio romano es proclamado Hijo de Dios.
El poeta Virgilio se encargará de fundamentar la naturaleza divina del emperador en la Eneida y en la Cuarta Égloga.
Mientras en la primera de estas obras narra la historia de la estirpe divina de los emperadores romanos, en la segunda celebra el -nuevo orden que comienza con el imperio.
En la moneda que le presentaron a Jesús cuando tramposamente lo interrogan sobre la licitud del pago del tributo al César se leía: Ti(berius) Caesar Divi Aug(usti) F(illius) Augustus cuya traducción es: -Tiberio Augusto, César, hijo del divino Augusto.
De modo que el poder del emperador se encontraba legitimado religiosamente. Había una teología imperial que sostenía la naturaleza divina de quien detentaba el poder. El título de augusto que recibía tenía carácter divino.
El Apocalipsis tiene las expresiones condenatorias más terminantes para este tipo de legitimación religiosa. Marcos inicia su evangelio de la siguiente manera: -Principio -arjé- del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
El Génesis inicia la obra de creación del mundo de la misma manera: -En el principio -en arjé-.
No es casual. Se trata de una nueva creación.
Jesús crea un mundo nuevo, una nueva sociedad. Mujeres y hombres nuevos. Con Jesús comienza el mundo nuevo y no con Octavio como proclamaba Virgilio en la célebre cuarta égloga. Jesús, el Cristo, es decir, el Ungido, el Mesías es el trae el evangelio, no el emperador, como hemos visto.
Por otra parte, Jesús es el verdadero -Hijo de Dios, no el emperador romano.
Menester es captar esta categoría aplicada a Jesús, el Cristo, en todas sus dimensiones, es decir, en su dimensión político-religiosa. En primer lugar, su sentido político.
Proclamar a Jesús de Nazaret, un campesino de la oscura región de Galilea como el verdadero Hijo de Dios, tenía un claro sentido antiimperial.
Marcos escribe su evangelio para mostrar que efectivamente es ese campesino el verdadero Hijo de Dios.
Esta proclamación, por otra parte, tenía un profundo significado religioso en el que se encuentra implicado no sólo Jesús, sino también todos los hombres.
Para entender esto debemos pasar del concepto al símbolo, o mejor, devolver esa expresión a su expresión simbólica como lo fue en su creación.
Su paso del símbolo al concepto y, de éste, al dogma, lo empobreció, unilateralizó y permitió que se lo utilizara en forma opresora.
La realidad es infinita, inagotable.
El ser humano se encuentra abierto a esa infinitud. Abierto a ella, pero sin poder nunca agotarla o abarcarla completamente.
Los símbolos expresan esa infinitud, por lo cual son polisémicos. Poseen múltiples, inagotables significaciones.
El concepto, en cambio, acota las significaciones de los símbolos.
El símbolo transformado en concepto pasa a tener una significación unívoca, presta para ser propuesta como dogma.
La expresión Hijo de Dios es uno de los símbolos más ricos y profundos de la experiencia religiosa. En ese nivel, es decir, como símbolo expresa, por una parte que en Jesús de Nazaret, en su práctica y su mensaje se nos presenta Dios.
En otras palabras, la práctica y el mensaje de Jesús nos hablan de la presencia de Dios. Por otra parte, esa elevación del hombre a la divinidad pertenece a todo hombre. Jesús, el Cristo, es una manifestación eximia de la elevación del ser humano.
Nadie puede saber, conceptualmente, qué significa ser Hijo de Dios.
Sabemos qué significa ser hijo de un padre y de una madre humanos.
Transportar esta experiencia a la divinidad sólo puede hacerse de manera simbólica, o, en todo caso, analógica, pero nunca como una verdad que puede afirmarse conceptualmente y, menos, dogmáticamente.
Pero en una sociedad como la helenista el paso de lo simbólico a lo conceptual era una necesidad. Ello no significa todavía su paso a lo dogmático. Éste se dará no por una necesidad cultural sino política.
Efectivamente, se hace en el siglo IV cuando las comunidades cristianas conforman la iglesia, una institución ya avanzada en su proceso de jerarquización que negocia con Estado, esto, con el imperio romano los espacios de poder.
El símbolo reducido al concepto y éste, al dogma, queda bajo la interpretación de la institución que ha realizado la transmutación. Naturalmente que no se puede entender conceptualmente cómo es eso de que un hombre sea al mismo tiempo Dios o Hijo de Dios.
Se lo impone dogmáticamente y se lo declara un misterio que debe ser aceptado por la fe o adhesión ciega, incomprensible.
Efectivamente, la elevación del ser humano a la divinidad, o, en otras palabras, la trascendencia del ser humano es incomprensible para el intelecto, es decir, no se puede traducir conceptualmente.
Pero es plenamente comprensible en el nivel simbólico, únicamente manera de expresar las experiencias más profundas del ser humano.
¿Alguien puede, acaso, expresar conceptualmente, en forma acabada, la experiencia del amor o la amistad? Poetas, novelistas y músicos pueden hacerlo de manera mucho más satisfactoria.

Jesús es el Salvador, no el emperador.

Según Lucas el ángel del Señor se les presentó a unos pastores y les anunció -una gran alegría que será para todo el pueblo: les -a ustedes- ha nacido un Salvador, que es el Cristo Señor. (Lc 2, 11).
Dos puntos son importantes en este anuncio. En primer lugar, se hace a los pastores, pobres entre los pobres, marginados entre los marginados.
En segundo lugar, se les anuncia que para ellos ha nacido el Salvador.
El signo distintivo de los cristianos en ciertas comunidades primitivas, como las de Roma según puede verse todavía por ejemplo, en la catacumba de San Calixto, era el pez que en griego se dice ixtús.
Esta palabra da lugar a un acróstico que se descompone de la siguiente manera: Iesoús Xristós Theoú Uiós Sotér.
En castellano: -Jesús Cristo de Dios Hijo, Salvador, o sea, Jesucristo, Salvador, Hijo de Dios.

Igual que evangelio, para nosotros -salvador tiene un sentido puramente -religioso. Jesús nos salva de los pecados.
Éstos, por otra parte, pertenecen a la intimidad de cada uno. Se encuentran al margen de toda connotación política o social.
Jesús nos salva de la condenación eterna que habríamos merecido por pecados tales como haber consentido a malos pensamientos, haber tenido relaciones sexuales fuera del matrimonio bendecido por la Iglesia
Pero salvador -sotér- era uno de los títulos preferenciales de los emperadores.
La salvación tenía, pues, un clarísimo significado político y social. El nacimiento del nuevo emperador era saludado como el nacimiento del salvador.
La comunidad de Lucas celebraba el nacimiento de Jesús como el nacimiento del verdadero salvador, entendiendo la salvación en toda su densidad y profundidad, es decir, abarcando todas las dimensiones del ser humano.
Efectivamente, en esa comunidad se recitaba el célebre cántico que Lucas pone en boca de María: -Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios en el sentir de su corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes; a los hambrientos colmó de bienes y a los ricos despidió vacíos. (Lc 1, 52-53).
Los soberbios, en la terminología profética y, por ende, evangélica son los poderosos, los miembros de la corte o de la nobleza, mientras que los humildes son los pobres, en especial los campesinos.

El Reino de Dios contra el imperio.

El evangelio que anunciaba Jesús es el advenimiento del Reino de Dios: -Se ha cumplido el tiempo y está cerca el Reino de Dios. Conviértanse y crean en el evangelio. (Mc 1, 15).
La proclamación del Reino de Dios es polémica. Su primera proclamación se confunde con el mismo nacimiento de los hebreos como pueblo.
Los hebreos eran tanto el grupo que, con Moisés logra salir de Egipto, como los grupos que, en la tierra de Canaán, en el siglo XIII aC se habían sublevado contra las monarquías cananeas.
La propuesta del grupo de Moisés es pactar una nueva sociedad que reconozca Yavé, el Dios de Moisés, como único rey.
En el siglo XIII la proclamación del Reino de dios era polémica frente a las monarquías del momento, las que se alternaban en el dominio de la Media Luna de tierras fértiles o Fértil Creciente, es decir de las monarquías babilónica, asiria, hitita, mitanni, y, en general, cananeas.
La proclamación realizada por Jesús de Nazaret, retomada por diversas comunidades cristianas, como podemos ver en los evangelios de Marcos, Mateo y Lucas, se hace en contra del imperio romano.
En la comunidad de Marcos, al imperio se lo presentaba como -el hombre fuerte al que había que amarrar para saquear la casa (Mc 3, 27) y como el demonio al que es necesario expulsar (Mc 5, 9).
Recuperar la radicalidad del mensaje del Reino de Dios es una de las tareas prioritarias para la conquista de la hegemonía.
Parece que hablar de imperio o imperialismo pertenece a una etapa que ya ha sido completamente superada.
En cierto sentido tienen razón quienes así piensan, pues ya estamos integrados al imperio en relaciones que pornográficamente fueron definidas como carnales.
Esta integración al imperio tiene como contrapartida la marginación de la mayor parte de la población que presenta los síntomas de desintegración y descomposición de la propia personalidad que leemos en el endemoniado a quien Jesús libera del demonio del imperio: -Andaba siempre, día y noche, entre los sepulcros y por los cerros, gritando y lastimándose con piedras. (Mc 5, 5).
La violencia volcada sobre sí mismo o sobre sus iguales.
El ser humano desarticulado, humillado, drogado que anda por los basurales buscando sobras inmundas con qué alimentarse.
Después del encuentro con Jesús, -el que había tenido la legión estaba sentado, vestido y en su sano juicio. (Mc 5, 15).
Comenzada la lucha contra el demonio imperial, se produce la liberación.
El dominado recupera su sano juicio, se recupera a sí mismo cuando reconoce al opresor y contra él vuelve su fuerza.
Son conocidos los análisis de Frantz Fanon sobre los desequilibrios psicológicos producidos por el colonialismo.
El segundo ejemplo al que me quiero referir brevemente es la Revolución Francesa. Todos los grandes teóricos de la revolución socialista, ya se trate de Marx, Engels o Lenin, la han tenido en cuenta.
Gramsci la propone como uno de los casos históricos, tal vez el mejor logrado, de conquista de la hegemonía, que la tornó irreversible. Efectivamente, la lucha por la hegemonía se produce a lo largo de dos siglos, XVII y XVIII,.
En el primero se sientan las bases filosóficas del consenso, la racionalidad burguesa, que debía sustituir a la racionalidad medieval.
Son Descartes, Malebranche, Spinoza, Leibniz, Locke, Hume y otros quienes se encargan de la tarea.
En el siglo siguiente, se da propiamente la lucha ideológica, la construcción del nuevo consenso, con nombres como los de Voltaire, D´Alambert, Diderot.
La Enciclopedia es el símbolo máximo de esta etapa. A fines del siglo ya el nuevo consenso se había logrado, lo que significa el poder burgués había sido construido.
El poder ya no se encontraba ya no se encontraba en Versalles, sino en el Tercer Estado. Sólo había que cambiar los símbolos, el rey, la corte, y poner los nuevos, correspondientes a la República.
El símbolo máximo del poder monárquico, la Bastilla, se encontraba vacía.
El poder es uno de esos temas cuya historia es tan antigua como la humanidad.
Desde siempre, a pesar del individualismo liberal, sabemos que el hombre es un ser esencialmente social. Nunca existió el ser humano solo, en soledad absoluta.
Existieron ermitaños que vivieron su soledad en el desierto, pero previa su propia socialización. Pues bien, la simple relación de dos personas plantea el problema del poder.
Si queremos influir en un cambio social, si pensamos en la revolución, resistiendo la corriente de considerarla como una cosa del pasado, propia de mentes simplemente románticas o nostalgicas, no podemos menos de replantearnos ese problema tan antiguo y tan nuevo.
Es lo que trataré de hacer en estas breves reflexiones.

El poder como objeto.

En los movimientos sociales y políticos de las décadas del 60 y 70 que marcaron profundamente a nuestra sociedad, el problema del poder fue planteado con fuerza, en contra de concepciones de izquierda tradicionales para la cuales el tema se postergaba de manera indefinida.
Partidos considerados siempre de izquierda como el Partido Comunista, los diversos Partidos Socialistas, las variantes maoístas y trotzquistas no se planteaban el problema del poder.
No significa ello que no hablasen sobre el poder. El asunto es que para ellos el problema no se imponía como una exigencia perentoria a realizar.
No se cuestionaba en los hechos seriamente el poder del capitalismo. Por una u otra razón, la revolución estaba postergada, de manera que había tiempo de sobra para debatirlo.
El problema, en cambio, adquirió no sólo actualidad, sino exigencia perentoria en las diversas agrupaciones y partidos de una nueva izquierda, por llamarla de esa manera, que se proponían hacer la revolución.
Ello significaba, terminar con la sociedad capitalista, sustituirla por una sociedad socialista. Ya no se trataba de una meta lejana, sino de algo que estaba en cierta manera a la mano.
El debate sobre el poder fue intenso, y las concepciones, diversas, pero todas, de una u otra manera se sintetizaban en -la toma del poder.
En realidad la expresión pertenece a la teoría que fundamentó los procesos revolucionarios del siglo veinte. Toma del poder, asalto al poder, asalto al cielo, son expresiones equivalentes.
Sin duda que son movilizadoras, encienden en la imaginación figuras utópicas que impulsan a la voluntad para la lucha.
El poder, en primer lugar, es concebido como un objeto. Así como se puede tomar, asir, o, en términos populares, -agarrar un objeto, también se puede tomar o agarrar el poder.
De esta manera, se piensa que no se tiene el poder, no se lo ejerce, hasta que no se lo ha tomado.
El poder está en manos de las clases dominantes, de los grandes consorcios, del ejército. En fin, alguien, o algunos lo tienen. Se trata de arrebatárselo.
En segundo lugar, el poder está en un lugar determinado. Ese lugar puede ser la Casa Rosada, Campo de Mayo o La Tablada.
Quienes están ahí tienen el poder. Para arrebatárselo es necesario trasladarse hasta ese lugar.
La columna del Che, desde la sierra Maestra a Santa Clara, y desde allí a la Habana, o la Larga Marcha a Pekín son símbolos de este ir hasta el lugar donde se encuentra el poder, para tomarlo, arrebatándoselo al enemigo.
El poder, en consecuencia, es como una cosa que está en un determinado lugar al que hay que trasladarse para tomarlo. Algo semejante a la expedición de los Argonautas dirigidos por Jason a la Cólquide para arrebatar el célebre vellocino de oro.
Pero ya se sabe, semejante tesoro está bien guardado, bien custodiado. La marcha para su conquista no es una fiesta, sino una lucha. Menester es tener la organización y los instrumentos necesarios para dar esa lucha.
El instrumento por excelencia es el partido político.
Para la toma del poder se necesita un partido revolucionario y para que éste lo sea, debe estar constituido por el sujeto o los sujetos revolucionarios.
Como en la teoría marxista tradicional el sujeto revolucionario es el proletariado, el partido debe ser un partido obrero y, su meta próxima es la conquista del poder y el establecimiento de la dictadura del proletariado.
El concepto de dictadura del proletariado es por demás significativo. Normalmente significó lo contrario a la democracia, en cualquiera de sus formas. Entiendo que no fue ésa la concepción de Marx, en el cual, por otra parte, el concepto es marginal, nunca tematizado.
Pero en él el concepto de dictadura no se oponía al de democracia, en el sentido de elecciones, partidos políticos diferentes, en la medida en que consideraba que las democracias burguesas eran dictaduras.
Ello significa que para Marx la dictadura implicaba la dominación de una clase sobre las otras, no necesariamente la de un partido político. Así como la dictadura de la burguesía se ejerce mediante diversos partidos políticos, lo mismo podría hacer el proletariado.
Quiero decir que la lógica de la dominación de clase no implica necesaria-mente el partido único. El establecimiento de las dictaduras del proletariado ha producido resultados decepcionantes.
Los partidos revolucionarios que lograron la toma del poder establecieron efectivamente una dictadura que se llamó dictadura del proletariado pero que, en realidad, fue una dictadura del partido, del aparato burocrático y finalmente del líder, depositario de la ciencia.
La revolución se había realizado para construir una sociedad plenamente liberada, con igualdad efectiva de derechos para todos.
La realidad fue decepcionante.
La dominación no fue quebrada sino sustituida. Los revolucionarios pasaron a ser los nuevos señores. Mentiras, crímenes y corrupción acompañaron a la nueva sociedad, que no resultó nueva, sino antigua.
La caída del Muro de Berlín es el símbolo de la derrota de las revoluciones que tomaron el poder.
Hablar de traición, referirse a las condiciones difíciles en que se produjo la revolución soviética, a la temprana muerte de Lenin y a otras circunstancias, de ninguna manera logran explicar un fracaso tan rotundo.
Volver al debate entre Lenin y Rosa Luxemburgo pude ser un ejercicio excelente, no para darle ahora la razón a Rosa, sino para bucear en el destino de una revolución realizada por una organización, el partido político, que toma el poder.

El poder como relación social.

El poder, decíamos, no es un objeto o una cosa que se encuentra en algún lugar al que es necesario ir para tomarlo.
Es una tendencia difícil de vencer, como anotaba Hegel, poner en movimiento las representaciones propias del entendimiento.
El poder concebido como objeto no es otra cosa que una representación del entendimiento. Menester es fluidificarlo, ponerlo en movimiento.
El poder es una realidad propia del ámbito de las relaciones humanas que, de una u otra manera, siempre son sociales y políticas. No existe, no es, igual que los sujetos.
Se hace, se construye en la misma manera en que se construyen los sujetos.
Éstos, para crearse, empeñan una lucha a muerte por el reconocimiento.
Esta lucha genera poder.
Todo cambio, toda transformación, toda revolución que se proponga siempre tiene en su centro el tema del poder que significa quién y como será reconocido.
La frase que he puesto como acápite es el corte que le da Jesús a la discusión que se había entablado entre los componentes más cercanos de su movimiento, cuando, al dirigirse a Jerusalén pensaban en el triunfo de la propuesta liberadora.
Los dirigentes del movimiento de Jesús discuten sobre cómo se van a repartir el poder en la nueva sociedad, y Jesús les replica que no habrá nada que repartir, porque habrá que pensar el poder de una manera totalmente distinta, contraria a la que ellos pensaban.
No como poder de dominación, no en la relación señor-siervo, sino como diakonía, como servicio, como mutuo reconocimiento de sujetos plenamente libres.
Ese poder no puede empezar a construirse una vez que se lo ha tomado, porque en realidad entonces lo que se ha hecho es ocupar el lugar que antes tenían los otros.
No se rompe la relación señor-siervo, aunque se sostenga que ello constituye una fase para romper la dominación anterior.
La célebre dictadura del proletariado que es, siempre, la dictadura del partido, de determinados aparatos del Estado o de una persona, el líder, no se instala para desinstalarse en función de la diakonía, sino que llega para quedarse a perpetuidad si ello es posible.
El poder es esencialmente relación social, relación de reconocimiento. En ese sentido es fluido, circula, cambia. Pero necesita momentos de reposo, de instalación.
Es el momento de las célebres estructuras, sin las cuales todo poder se evapora.
La mínima relación, la que se produce entre dos sujetos, sean éstos madre e hijo, amigo con amigo, novios, es lucha por el reconocimiento y, en consecuencia genera un ámbito de poder.
En ese sentido todos hacemos ejercemos y se ejerce poder sobre nosotros. Crear nuevo poder, crear poder popular significa crear nuevas relaciones humanas, nuevas relaciones sociales, nuevas relaciones políticas.
Éstas no pueden comenzar cuando, por ejemplo, de tome el aparato del Estado. Se realizan en el camino, en el proceso.
Si el otro es un objeto para mí, o un súbdito, mero soldado del partido o de al organización, se está reproduciendo el poder de dominación.
Microfísica del poder, en consecuencia, y redes del poder. Foucault tiene razón. Pero dicho así es una media verdad y, en consecuencia, un error.
Los poderes que circulan entre los componentes de una sociedad, se encuentran englobados en megapoderes.
De la microfísica es necesario pasar a la macrofísica, no en forma línea sino dialéctica. Los pequeños poderes se encuentran englobados en los megapoderes. No hay paso lineal de unos a los otros.
Esto significa que toda lucha, ya sea barrial, villera, campesina, en las cárceles, en la escuela, en la familia debe conectarse dialécticamente con una lucha más amplia, que tenga como horizonte la totalidad.
Si ello se pierde de vista, estamos condenados a movernos en un círculo sin salida. Es un magro consuelo o una burla decirles a desocupados que ellos también ejercen poder. Micropoderes, redes de poder, circulación de poderes, fluidez de relaciones.
Todo ello es cierto, pero toda fluidez tiene momentos de condensación. Dicho de otra manera, el movimiento necesita estructurarse.

Lo social y lo político.

La revolución burguesa o capitalista produjo una escisión entre el ámbito político, perteneciente al Estado, y el de la sociedad civil.
Los estamentos, grupos sociales en los que lo político y lo social se encontraban completamente soldados, se rompen.
Pasan a ser clases. Su significado ya no es directamente político como en los estamentos, sino social.
Son las clases sociales.
Aristóteles había definido al ser humano como animal político.
La traducción que se realizó como animal social, no tiene ningún sentido si con ello se quiere hacer una verdadera exégesis de lo expresado por el filósofo griego.
Lo social como diferenciado de lo político estaba completamente fuera del horizonte cultural griego.
Lo mismo pasaba en la sociedad feudal y en las sociedades precapitalistas de América, que se escalonaban desde un determinado comunismo primitivo hasta sociedades tributarias.
-La sociedad política, decía Marx en la Cuestión judía, refiriéndose a la revolución burguesa, destruyó necesariamente todos los estamentos, corporaciones, gremios y privilegios, que eran otras tantas expresiones de la separación entre el pueblo y su comunidad. La revolución política suprimió, con ello, el carácter político de la sociedad civil". Éste es un aspecto fundamental de la sociedad capitalista que se conoce con el nombre general de "la cuestión social.
Fue Hegel el primero en exponer con claridad la diferenciación de los dos ámbitos, el de la sociedad civil y el del Estado, que pasó a ser luego, la diferenciación entre la cuestión social y la cuestión política.
Marx hundió su análisis en la sociedad civil, o sea, en la estructura, señalando su carácter político, pero no directamente político como en las sociedades estamentales.
De manera que hay una escisión entre lo social y lo político, pero no se trata de una escisión total. Lo que se ha roto es la relación inmediata entre ambos.
En lugar de relación inmediata, relación mediata a través de un cúmulo de mediaciones Ello significa que todo es político y todo es social, pero no lo es de la misma manera.
Las luchas por los derechos humanos son políticas, sin ninguna duda. Sin embargo su acento no está puesto directamente en lo político, sino en lo social. Menester es, pues, poner un poco de claridad sobre el significado preciso que pretendemos darle a uno y otro concepto.
Cuando hablamos de lo político en sentido estricto nos estamos refiriendo al poder, a la voluntad de construir y ejercer el poder para transformar la realidad, se entiende la realidad humana, social, política.
Cuando, en cambio, pretendemos significar sólo lo social, nos referimos al logro de determinados derechos, a su reivindicación, sin que de por sí, explícitamente, se plantee el tema del poder.
Cuando se plantea lo político siempre se tiene en mente la totalidad. Lo político por excelencia es el Estado. Allí se concentra, o se debe concentrar el poder supremo.
Todo el pensamiento y la acción política tiende a apoderarse del Estado, o mejor, a construir un nuevo Estado.
Se hacen análisis y se crean los instrumentos necesarios como partidos políticos, organizaciones políticas de base o intermedias que reciben diversas denominaciones, etc.
Cuando se plantea lo social, desaparece, del horizonte, explícitamente el tema del poder. No se piensa en construir un nuevo Estado, ni siquiera en reformarlo.
Naturalmente que se dan matices que dejamos de lado, para tipificar en forma pura ambos tipos de comportamientos.
Se analizan problemas parciales como falta de agua, insalubridad de la vivienda, destrucción de la naturaleza y se crean organismos para trabajar en esas reivindicaciones.
La acción política debiera tener siempre en mente estos dos ámbitos que en la realidad nunca están en estado puro.
Son dos ámbitos dialécticamente conectados que tiene cada uno de ellos su propia lógica y sus propios instrumentos.
Hay momentos históricos en los que la dominación ha logrado tal fragmentación del movimiento popular, que hace casi imposible una acción política concertada que cuestione al sistema.
Son momentos, además, en los que la práctica política es completamente desnaturalizada, corrompida.
En esos momentos pasa a primer plano la acción social. Lo político entra en una especie de cono de sombra. Es lo que ha pasado en nuestro país.
Organismos de derechos humanos, luchas por los derechos de la mujer, de los homosexuales, movimientos ecologistas, sociedades de fomento, cooperativas, agrupaciones de base, movimientos sociales en general y tantos otros, pusieron su acento en lo social.
Como lo expresaba un militante de los movimientos sociales: -En el trabajo social somos locales. En lo político, somos visitantes.
Esto es una gran verdad, pero tiene su techo.
La política neoliberal nos lo hace sentir cada día en forma por demás dolorosa e intransigente.
Esto plantea la imperiosa necesidad de que lo social vaya adquiriendo cada vez más, no digo significación política, pues de por sí la tiene, sino organización política que se proponga expresamente la conquista de hegemonía y construcción de poder.
Para ello habría que tener en cuenta algunos criterios fundamentales: a) No partir de organizaciones o partidos políticos ya estructurados, con línea que se pretende clara para bajarla a los sectores populares que se están movilizando.
Esta práctica expresa todo lo contrario de la construcción de una nueva sociedad en la que sus miembros sean sujetos reconocidos.
Dejar de lado, en consecuencia, la concepción leninista de que al proletariado o, en nuestro caso, a los sectores populares, se les inyectará conciencia desde afuera.
Sería conveniente, al respecto, como dije más arriba, revisar las polémicas entre Lenin y Rosa Luxemburgo sobre el partido.
b) Por el contrario, hacer efectiva la concepción gramsciana de que se debe partir del buen sentido que radica en el desagregado y caótico sentido común que se encuentra en dichos sectores.
O, en palabras del Che, ayudar a desarrollar -los gérmenes de socialismo que se encuentran en el pueblo.
Toda pretensión de construcción que tenga que ver con una elaboración teórica separada de las aspiraciones, expectativas, valores presentes en los sectores populares, contribuirá a instalar una nueva dominación.
El socialismo tendrá sentido y será una verdadera solución si es el despliegue de valores profundamente arraigados en los seres humanos. Ello no significa renegar de la teoría.
El problema es que se confunde teoría o ciencia o filosofía con conciencia.
La conciencia nunca puede venir de fuera.
La conciencia es autoconciencia desde el primer momento, pero sólo lo es implícitamente.
Avanza de desde los primeros balbuceos en el plano de lo sensible.
Toda teoría al entrar en relaciones dialécticas con la conciencia será motivo de crecimiento de ésta, tanto de la conciencia del teórico como de aquél a quien se comunica la teoría, la cual a su vez sufre un proceso de transformación en el proceso.
De avanza de la conciencia a la autoconciencia, o de la conciencia en sí a la conciencia para sí, como dice Marx en la Miseria de la filosofía.
c) No interesa el pregonado problema de la unión de la izquierda, si ello significa hacer unidos lo mismo que se está haciendo en forma separada.
La verdadera unión hay que encontrarla atreviéndose a criticar las formas tradicionales de concepción de los partidos de izquierda e ir confluyendo con inserción verdadera en los sectores populares.
d) Un proyecto alternativo que ya se encuentra en germen en agrupaciones, comunidades, organismos de derechos humanos, luchas de diverso tipo deberá asumir una forma movimientista que será necesario ir descubriendo y construyendo, a medida que se avance.
Esto hay que comenzar a hacerlo.
e) Para la construcción de la identidad, sin la cual no hay sujeto, por una parte, es necesario recuperar auténticos símbolos populares como Agustín Tosco, John W. Cooke, Enrique Angelelli, Evita.
El Che se está mostrando como un poderoso símbolo convocante para las nuevas generaciones.
Por otra parte, es necesario dar la lucha hermenéutica en torno a los símbolos arraigados en los sectores populares.
f) Desde las diversas prácticas sociales y políticas es necesario ir confluyendo en un proyecto político común que sea la unión en la diversidad. Para ello se necesita la voluntad política de hacerlo.
Por el anterior análisis aquí insinuado éste sería el momento de intentarlo con fuerza.

Desde la base.
Recuperación del proyecto y la utopía.

Es absolutamente imposible construir un sujeto, tanto a nivel individual como colectivo, sin proyecto, porque lo propio del sujeto es proyectar y proyectarse.
Pero no se trata de mirar directamente hacia el gran proyecto que significa luchar directamente contra las transnacionales y los organismos multilaterales como el FMI y el BIRD.
Ése debe ser el horizonte, la meta última, por decirlo así.
Es necesario proceder por niveles.
En un primer nivel, local, se trata de elaborar proyectos que apunten a las necesidades básicas como el trabajo, el salario, la tierra, la vivienda. Para esa tarea se crean organizaciones particulares.
Aquí se comienza a construir el socialismo de cada día.
El segundo nivel estaría constituido por la región.
Las distintas organizaciones particulares crean redes, las cuales juntan los problemas, discuten los temas del poder, de la lucha, etc.
Un tercer nivel podría ser el nacional, en el cual ya habría redes de redes, que rematarían en el nivel latinoamericano.
El proyecto siempre remata en una utopía. Ésta debe siempre estar presente y actuar en forma crítica frente a toda posible burocratización.
Es como utopía que hay que tener siempre presente el comunismo como sociedad en la que se realice plenamente la fraternidad.

Recuperación de la memoria histórica.

Así como no hay sujeto posible sin proyecto y utopía, tampoco lo hay sin memoria.
La dominación necesita borrar la memoria de las luchas y los símbolos populares, para que no se pueda reconstruir el sujeto popular capaz de cuestionar su dominación.
También aquí es necesario distinguir niveles.
En el nivel local es necesario reconstruir la memoria del barrio, del colegio, de la Facultad, del gremio, de la parroquia, de la comunidad de base, de la zona, de la ciudad.
El segundo nivel sería el regional.
Así, se puede distinguir una zona Sur, otra del NO, una tercera de Buenos aires, una cuarta del Litoral.
De cada zona sería necesario reconstruir la memoria de las luchas populares y sus símbolos.
Así de la zona Sur es necesario recuperar la memoria de los mapuches, su historia, sus luchas, sus símbolos; luego la historia de los peones de la Patagonia.
En la zona del Litoral se recuperará la memodira de los charrúas y guaraníes; José Gervasio Artigas y su ideario; López Jordán y sus luchas. Un tercer nivel estaría formado por la nación.
Luchas que atraviesan todo el territorio y toda su historia. Símbolos señeros como los de Artigas, San Martín, Felipe Varela, los 30.000, etc.

Recuperación la realidad y el sentido del trabajo.

Ser sujeto es hacerse sujeto, crearse como sujeto. Crearse, a su vez, implica crear.
En la medida en que transformamos el mundo nos transformamos a nosotros. El acto creativo es esencial al sujeto.
El trabajo en su sentido más profundo es precisamente creación.
Mediante el trabajo nos creamos a nosotros, creamos los bienes con los que vivimos, y creamos el ethos o casa espiritual en la que habitamos.
El capitalismo previerte este acto esencial del ser humano, y en la etapa neoliberal, literalmente se lo quita a la mayoría de los sectores populares.
Recuperarlo, pues, en su realidad y en su profundo sentido es tarea prioritaria.
Todos los avances tecnológicos deberían servir para acortar las horas y la intensidad del trabajo necesario para reproducir las condiciones de vida y otorgar tiempo para el trabajo creativo al que cada uno se sienta inclinado.

Construcción del poder.

También aquí se trata de no pretender inmediatamente la gran meta, lo que históricamente se conoce como la toma del poder.
En primer lugar, porque el poder es ninguna cosa u objeto que se tome y, en segundo lugar, porque es necesario plantearse metas reales, a las que sea posible acceder.
El poder no es una cosa u objeto, sino relación social.
Se trata, en consecuencia, de ir creando nuevas relaciones sociales, acordes con lo que pensamos que deba ser una realización del poder que sea efectivamente liberadora.
En consecuencia, relaciones lo más horizontales posibles, con la vista puesta en el horizonte utópico de un poder horizontal, profundamente democrático.
No es que no queramos transformar toda la sociedad, derrotar definitivamente al capitalismo.
Claro que queremos hacer eso, pero debemos tratar de clarificarnos sobre lo que nos corresponde hacer hoy, en un hoy en el que debemos hacer presentes los valores socialistas.

Construcción del socialismo de cada día.

El socialismo no se ha de construir a partir de las ideas científicas que tengamos en nuestra cabeza o en nuestros libros, ni por la acción de un grupo esclarecido.
Ya ha comenzado su construcción.
Está en camino en los diversos movimientos a los que hemos hecho alusión. Como decía el Che, el socialismo está en germen en el pueblo.
No es el socialismo ninguna construcción teórica o científica pensada desde fuera, sino el desarrollo contradictorio, creativo, que se realiza todos los días en nuestras luchas, proyectos, encuentros, debates.
La solidaridad, la ayuda, el diálogo, la fiesta, el compartir constituyen valores esenciales del socialismo de cada día.

RD/

N&P: El Correo-e del autor es Ruben Dri rubendri@yahoo.com.ar

Rubén Dri es profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Fue sacerdote. Escribió La utopía de Jesús, Autoritarismo y democracia en la Biblia y Racionalidad, Sujeto y Poder, El movimiento antiimperialista de Jesús, y el segundo tomo de Símbolos y fetiches religiosos.
Cerramos aquí entonces esta primera serie de reflexiones sobre fe, sistema liberal capitalista y el rol de los masones. Indudablemente, sólo el libre examen y la coincidencia en la búsqueda del hombre es lo que nos aproxima a la militancia de Rubén Dri.
Que el Hacedor de Infinita Bondad, Gran Arquitecto del Universo y Fuente y Manantial Fecundo de gracias nos ilumine a Todos.
TAF
Carlos Berini


Free Counter and Web Stats

Free counter and web stats /em>>